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Desde el balconcito del 3

En ocasiones subo hasta el balconcito del 3. No a la salida de profesionales. Más arriba. Un poco más arriba. Supongo que debe ser otra salida de profesionales, posiblemente para los más bajitos. O los más altos. Vaya usted a saber. Naturalmente no subo con la intención de jugar la bola desde allí. Si desde el tee que me corresponde por sexo y condición (HP) ya tengo dificultades para llegar a calle, me temo que tendría difícil superar el ciprés (¿realmente es un ciprés?) situado junto al tee de señoras.

Alguien, en esta misma página web, citó al geógrafo Jay Appleton y su teoría sobre los lugares elevados. No conozco al insigne británico pero sí que comparto parte de sus reflexiones sobre la tendencia del ser humano a subir, incluso escalar, a lugares más altos. No se trata, a mi juicio, sólo de perspectiva y seguridad. Si así fuera ni Sir Edmund Hillary hubiese escalado el Everest ni Moisés habría alcanzado la cumbre en el Sinaí. Pero ésa es otra historia.

Subo hasta el balconcito del 3 para encontrarme un ratito a solas y meditar unos momentos aprovechando el silencio y el paisaje que se me ofrece gratis. ¡Y para olvidar el desastre del putt del 2, maldito green! Es cierto que puedo hacer este breve paréntesis cuando voy solo o cuando el partido precedente te obliga a frenar el ritmo de juego. Y los que vienen detrás son algo pacientes, algo complicado de conseguir.

Pero cuando se producen todas las condiciones favorables, no puedo evitarlo. Permanezco un corto espacio de tiempo en mi lugar preferido y luego prosigo, algo más sosegado, hasta el siguiente fallo (los aciertos son ocasionales, los errores, la norma) implorando al cielo que, en la salida, la bola no se refugie en el frondoso bosque ubicado a la derecha. Como diría Sabina, Joaquín, cosas del golf, mariposas de sangre marrón.

Cometí el error de comentar esta ¿manía? y, en justa correspondencia, me han castigado a que traslade esos pensamientos, reflexiones, meditaciones y otras hierbas, a este blog. Cuán cierto lo de que somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestros silencios. Y aquí estoy. On the road, again. Por si este post (¡Señor, que términos hay que usar en estos tiempos sombríos!) llega a alguien que no conoce el campo, aclaro que el balconcito de mis amores, de mis entretelas, está ubicado en el tee del 3 de Lerma. Del campo de golf. Ya me entienden.

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